
Critica digital en su sección sociología y bajo el título: “Nunca es tarde para un revolcón”, publicó: La tercera edad es una etapa que los especialistas definen como “la edad del erotismo”. El film que plantea el tema sin tapujos. Sexo entre un hombre que acusa 76 y una mujer que no revela la edad pero pasó los 70. La película es alemana y se estrenó en la Argentina con el título de Nunca es tarde para amar. Es una de las pocas, si no la única, que habla –y muestra sin tapujos– viejos que se besan, se tocan, se penetran y se la pasan muy bien. Aunque en la fila de adelante una señora se levante apenas pasan los primeros 20 minutos, la pareja adolescente de al lado reprima risitas cómplices, y a la izquierda, un treintañero indignado diga: “¡Esto es un asco!”.
Es interesante las conductas que expresa la cronista de quienes veían el film, ya que reaccionan según como pareciera que perciben su realidad y su futuro. Ninguno de nosotros puede negar que más tarde o mas temprano todos seremos viejos, y podemos aceptarlo gozando del tránsito hacia esa etapa, o negarnos a ella, negando cualquier visión que nos propongan de cómo puede ser esa etapa de nuestras vidas. Las actitudes que plantea la nota describe tres conductas: quien niega las posibilidades que la vida ofrece su edad, quién niega su futuro negando una visión de cómo podría ser y quiénes aceptan ver reflejado su futuro o imaginárselo en forma risueña.
La primera actitud, desperdicia la oportunidad que le brinda la vida de disfrutar plenamente de su madurez, la segunda actitud muestra miedo a un futuro inevitable, un miedo que lo angustiará cada vez que compruebe que se acerca a su destino final y la última actitud entre risueña y cómplice, muestra la mejor disposición a enfrentar un futuro inevitable pero no menos dichoso que el actual.
Es interesante las conductas que expresa la cronista de quienes veían el film, ya que reaccionan según como pareciera que perciben su realidad y su futuro. Ninguno de nosotros puede negar que más tarde o mas temprano todos seremos viejos, y podemos aceptarlo gozando del tránsito hacia esa etapa, o negarnos a ella, negando cualquier visión que nos propongan de cómo puede ser esa etapa de nuestras vidas. Las actitudes que plantea la nota describe tres conductas: quien niega las posibilidades que la vida ofrece su edad, quién niega su futuro negando una visión de cómo podría ser y quiénes aceptan ver reflejado su futuro o imaginárselo en forma risueña.
La primera actitud, desperdicia la oportunidad que le brinda la vida de disfrutar plenamente de su madurez, la segunda actitud muestra miedo a un futuro inevitable, un miedo que lo angustiará cada vez que compruebe que se acerca a su destino final y la última actitud entre risueña y cómplice, muestra la mejor disposición a enfrentar un futuro inevitable pero no menos dichoso que el actual.
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